El agua y la vida.
El agua es un recurso natural esencial para la supervivencia de todas las formas conocidas de la vida. No se conoce ninguna forma de vida que tenga lugar en su ausencia completa.
El agua es el principal e imprescindible componente del cuerpo humano.
El cuerpo humano tiene un 75% de agua al nacer y cerca del 60% en la edad adulta. Aproximadamente el 60% de esta agua se encuentra en el interior de las células (agua intracelular). El resto (agua extracelular) es la que circula en la sangre y baña los tejidos.
En las reacciones de combustión de los nutrientes, que tienen lugar en el interior de las células para obtener energía, se producen pequeñas cantidades de agua. A esta agua producida en la respiración celular se le llama agua metabólica. En los seres humanos, la producción de agua metabólica, con una dieta normal, no pasa de los 0,3 litros al día.
El organismo pierde agua por distintas vías. Este agua ha de ser recuperada compensando las pérdidas con la ingesta y evitando así la deshidratación.
Estructura y propiedades del agua.
La molécula de agua está formada por dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno, por medio de dos enlaces covalentes.
El oxígeno es más electronegativo que el hidrógeno y atrae con más fuerza a los electrones de cada enlace.
El resultado es que la molécula de agua, aunque tiene una carga total neutra (igual número de protones que de electrones), presenta una distribución asimétrica de sus electrones, lo que la convierte en una molécula polar (alrededor del oxígeno se concentra una densidad de carga negativa, mientras que los núcleos de hidrógeno quedan parcialmente desprovistos de sus electrones y manifiestan, por tanto, una densidad de carga positiva).
Por este motivo, se dan interacciones dipolo-dipolo entre las propias moléculas de agua, formándose enlaces por puentes de hidrógeno (la carga parcial negativa del oxígeno de una molécula de agua ejerce atracción electrostática sobre las cargas parciales positivas de los átomos de hidrógeno de otras moléculas adyacentes).
Aunque son uniones débiles, el hecho de que alrededor de cada molécula de agua se dispongan otras cuatro moléculas, unidas por puentes de hidrógeno, permite que se forme en el agua (líquida o sólida) una estructura de tipo reticular, responsable, en gran parte, de su comportamiento anómalo y de la peculiaridad de sus propiedades fisicoquímicas.
Propiedades físicas y químicas del agua.
El agua, a temperatura ambiente, es líquida, inodora, insípida e incolora.
Es el único compuesto que puede estar en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso) a las temperaturas que se dan en la tierra: líquida, en los mares, ríos, lagos y océanos; sólida, en los casquetes polares, en las cumbres de las montañas y en lugares de la tierra donde la temperatura es inferior a cero grados Celsius; gaseosa, formando parte de la atmósfera terrestre, como vapor de agua.
Las propiedades químicas del agua son:
1. Acción disolvente: el agua es el disolvente universal. Se debe a su capacidad para formar puentes de hidrógeno. Esta propiedad es, tal vez, la más importante para la vida, ya que es la responsable de que sea el medio donde ocurren las reacciones de metabolismo.
2. Elevada fuerza de cohesión: los puentes de hidrógeno mantienen las moléculas de agua fuertemente unidas, formando una estructura casi incompresible, de manera que puede funcionar en algunos animales como un esqueleto hidrostático.
3. Gran calor específico: el agua puede absorber grandes cantidades de calor que utiliza para romper los puentes de hidrógeno, por lo que la temperatura se eleva muy lentamente, permitiendo que el citoplasma acuoso sirva de protección ante los cambios de temperatura.
4. Elevado poder de vaporización: para evaporar el agua, primero hay que romper los puentes de hidrógeno y, posteriormente dotar a las moléculas de agua de la suficiente energía cinética para pasar de la fase líquida a la gaseosa.
Las funciones del agua.
Las funciones del agua están íntimamente ligadas con sus propiedades fisicoquímicas.
En el agua de nuestro cuerpo tienen lugar las reacciones que nos permiten estar vivos. Constituye el medio acuoso en el que tienen lugar todos los procesos metabólicos que tienen lugar en nuestro organismo (las enzimas necesitan un medio acuoso para que su estructura tridimensional adopte una forma activa).
Gracias a la elevada capacidad de evaporación del agua podemos regular nuestra temperatura, sudando o perdiéndola por las mucosas.
Posibilita el transporte de nutrientes a las células, y el transporte de las sustancias de deshecho desde las células hacia fuera de nuestro organismo.
Puede intervenir como reactivo en reacciones de metabolismo, aportando hidrogeniones (H3O+) o hidroxilos (OH-).
El agua pura tiene la capacidad de disociarse en iones, por lo que, en realidad se puede considerar una mezcla de:
- Agua molecular (H2O)
- Protones hidratados (H3O+) o hidrogeniones
- Iones hidroxilo (OH-)
Necesidades diarias de agua.
El agua es imprescindible para el organismo. Por ello, las pérdidas que se producen por la orina, las heces, el sudor y a través de los pulmones o de la piel, han de recuperarse mediante el agua que bebemos y gracias a aquella contenida en alimentos y bebidas.
Es muy importante consumir una cantidad suficiente de agua cada día, para el correcto funcionamiento de los procesos de asimilación y, sobre todo, para los de eliminación de residuos del metabolismo celular. Necesitamos unos tres litros de agua al día, como mínimo. La mitad, aproximadamente, la obtenemos de los alimentos y la otra mitad debemos conseguirla bebiendo.
Hay ciertas circunstancias en las que esta cantidad de agua debe incrementarse:
o Al practicar ejercicio físico.
o Cuando la temperatura ambiente es elevada.
o Cuando tenemos fiebre.
o Cuando tenemos diarrea.
En situaciones normales nunca existe el peligro de tomar más agua de la cuenta, ya que la ingesta excesiva de agua no se acumula, si no que se elimina.
Recomendaciones sobre el consumo de agua.
Si consumimos agua en grandes cantidades durante o después de las comidas, disminuimos el grado de acidez en el estómago, al diluir los jugos gástricos. Esto puede provocar que los enzimas que requieren un determinado grado de acidez para actuar, queden inactivos y la digestión se ralentice. Los enzimas que no dejan de actuar por el descenso de la acidez, pierden eficacia al quedar diluidos. Si las bebidas que tomamos con las comidas están frías, la temperatura del estómago disminuye y la digestión se ralentiza aún más.
Como norma general, debemos beber en los intervalos entre comidas, entre dos horas después de comer y media hora antes de la siguiente comida. Está especialmente recomendado beber uno o dos vasos de agua nada más levantarse. Así conseguimos una mejor hidratación y activamos los mecanismos de limpieza del organismo.
En la mayoría de las poblaciones es preferible consumir agua mineral, o de un manantial o fuente de confianza, al agua del grifo.
Contaminación del agua y salud.
El agua, al caer con la lluvia, arrastra impurezas del aire. Al circular por la superficie o a nivel de capas profundas, se le añaden otros contaminantes químicos, físicos o biológicos. Puede contener productos derivados de la disolución de los terrenos: calizas, calizas dolomíticas, yeso, anhidrita, sal, cloruro potásico, silicatos, oligoelementos, nitratos, hierro, potasio, cloruros, fluoruros, así como materias orgánicas.
Al mismo tiempo, puede existir contaminación de procedencia humana, por actividades agrícolas, ganaderas o industriales. Esta contaminación supera la capacidad que tiene la naturaleza de autodepurarse.
Al ser un recurso imprescindible para la vida humana y para el desarrollo socioeconómico, industrial y agrícola, la contaminación, a partir de cierto nivel, puede plantear un problema de Salud Pública.
Los márgenes de los componentes permitidos para el destino a consumo humano, vienen definidos en los ¨criterios de potabilidad¨ y regulados en la legislación. También hay otra reglamentación específica para las bebidas envasadas y aguas medicinales.

